Cerro y Fortaleza de Montevideo

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿A dónde van los Reyes Magos?


         Entreabrí los ojos y allí estaban los Reyes Magos. Uno de los camellos se había echado sobre las baldosas y rumiaba,  medio dormido, a los pies de mi cama. Los otros dos, con las riendas sueltas, permanecían juntos un poco más atrás. Por la ventana entreabierta del hospital, la estrella de Belén brillaba sobre el cielo azul.
     Era la noche del 5 de enero y los Reyes habían venido a traerme los juguetes que de niña había pedido y que ellos nunca me habían traído. Ante mi asombro,  estaban allí.
Gaspar, Melchor y Baltasar  con mantos reales y coronas de oro  fueron dejando, uno a uno, los regalos sobre mi cama: el cochecito de mimbre para pasear  a mi muñeca; el pianito de cola con teclas de verdad; el malcriado de celuloide vestido de marinero;  el jueguito de té de porcelana; la caja de música con la bailarina de ballet  y… qué trae Baltasar que no alcanzo a ver… ¡La bici! La bicicleta blanca. La bici de mis sueños de niña. ¡Que lástima que no esté mi hermano conmigo para que viera que es cierto: los Reyes Magos existen!
Todo fue breve, casi mágico.
 El camello que dormitaba se incorporó. Los Reyes Magos comenzaron a retirarse. Se fueron yendo lentamente. La estrella de Belén oculta tras una nube, dejó de brillar sobre el cielo azul. Se fueron. Apenas diviso sus figuras mientras se alejan.
¿Adónde van los Reyes Magos?
 ¡Que lástima que no esté mi hermano! Antes, cuando éramos niños,  siempre en Noches de Reyes, mi hermano dejaba agua y pasto fresco para que comieran los camellos, hasta que un año decidió terminar con aquel ritual. Yo le pregunté por qué no quería dejarles más comida a los camellos y me dijo que no les dejaba más porque los Reyes no existían, ¡Qué lástima que no esté ahora conmigo! Si hubiese estado aquí esta noche, con seguridad que también a él le hubiesen traído los juguetes que nunca le dejaron. Pero mi hermano se fue. Se fue hace muchos años.
 —¿A dónde van los Reyes Magos, mamá?
—A dejarles juguetes a otros niños.
—¿Crees que volverán?
—Si te portas bien, tal vez.

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